Te voy a hablar ahora de algo que te ha pasado más de una y decena de veces.
¿Alguna vez te has visto asistiendo con la cabeza a algo con lo que no estabas del todo de acuerdo solo porque quien lo decía tenía un título colgado en la pared?
¿Has tomado una decisión importante simplemente porque «el experto» dijo que era lo mejor, quizás en contra de tu intuición, que te decía que no, que por ahí no?
No te culpes, a todos nos ha pasado (y os pasa).
En este caos de vida que llevamos buscamos anclas, certezas y personas que nos digan por dónde caminar.
Como psicólogo en Almería, en mi consulta de la capital recibo a menudo a personas que llegan buscando esa «seguridad del experto«, el “Dime que tengo que hacer…” lo escucho mucho aquí.
Y aunque parezca contradictorio, mi trabajo muchas veces consiste en devolverte esa autoridad a ti. No es que no crea que no lo soy, experto, digo; gracias a mis años de experiencia, estudios y trabajo con personas sé que soy alguien con capacidad para ayudar a los demás porqué ya lo he hecho muchas veces.
Hoy te cuento sobre un fenómeno que influye en nuestras vidas mucho más de lo que creemos: el Sesgo de Autoridad.
¿Qué es eso del sesgo de autoridad?
Sin rodeos: el sesgo de autoridad es esa tendencia que tenemos de considerar como válidas (o mejores) las opiniones de ciertas personas por el simple hecho de ser reconocidas socialmente como expertas.
Es una especie de «atajo mental”. Preferimos, por economía conductual, aceptar como verdad un juicio emitido por alguien de autoridad antes que ponerse a analizar si esa formulación es cierta o no en nuestro caso.
Esto tiene un sentido evolutivo, como tantas cosas, pero en este caso es más que evidente.
No podemos ser expertos en todo y necesitamos confiar en el médico, en el arquitecto o en el mecánico.
Bueno, ¿y qué hacemos cuando esa confianza ciega anula nuestro pensamiento crítico?
Pues que sin darnos cuenta, alimentamos una necesidad de dependencia y fortalecemos nuestra propia inseguridad.
Al confiar más en el estatus del otro que en nuestra propia experiencia, terminamos dudando de nosotros mismos.
Seguro que te ha pasado alguna vez.
El arma de doble filo en la consulta de psicología
En el contexto de los tratamientos psicológicos, y en mi consulta de Almería, el sesgo de autoridad se convierte en un invitado habitual.
Y ojo, porque en ocasiones he encontrado que puede ser útil.
Factores como la experiencia percibida, la calidez y el poder de persuasión del terapeuta son «factores comunes» que ayudan a que la terapia avance.
Si no confías en que sé de lo que hablo, difícilmente te abrirás a explorar lo que te duele.
Pero el problema real surge cuando la persona que acude a consulta demanda insistentemente esa seguridad. Es decir, cuando esa persona actúa con necesidad de externalizar su vida hacia otra persona que sepa más de ella misma, eso es imposible.
Si yo, como psicólogo, acepto ese rol de «autoridad suprema» y te doy todas las respuestas, estoy haciendo un flaco favor a tu proceso.
Es más estaría reforzando tu inseguridad y, lo que es peor, limitando la integración de tus propias experiencias y sentimientos, que es el tipo de práctica que llevo a cabo con éxito.
En mi enfoque, que combina el análisis funcional y la Terapia Basada en Procesos (TBP), huyo de las etiquetas que limitan.
Tú eres una persona única, con una historia única. Si yo te impongo mi «verdad de experto» sobre tu realidad ideográfica, estaríamos construyendo una relación basada en la obediencia y no en la libertad.
Mal profesional sería si yo quisiera eso y tú lo aceptaras.
¿Por qué nos da tanto miedo cuestionar?
Esta es una de las preguntas más recurrentes que os hago y que incluso yo también me hago a veces.
En ocasiones, quedarse bajo el ala de la autoridad es como permanecer en esa famosa «zona de confort» de la que tanto se habla y se dice.
Es ese lugar donde, aunque no estemos del todo bien (como la rana en el agua tibia que va subiendo de temperatura), nos sentimos a salvo del miedo a equivocarnos.
Cuestionar al experto implica:
- Asumir la responsabilidad de nuestras propias decisiones.
- Enfrentarnos a la incertidumbre de no tener una respuesta «correcta» garantizada.
- Exponernos a cierto dolor o a la frustración de descubrir que nadie tiene la varita mágica para solucionar nuestra vida.
Pero, por favor, piensa en esto: si tus metas, tus valores y las personas que quieres están fuera de esa zona de sumisión, ¿no merece la pena el riesgo?.
Cómo trabajamos esto en terapia
En mi consulta de psicología en Almería, te propongo un modelo de colaboración.
No soy un juez ni alguien que viene a decirte qué está bien o mal en tu cabeza.
Mi labor es utilizar el análisis funcional para que juntos comprendamos por qué haces lo que haces, qué función cumple cada conducta en tu contexto y cómo generar cambios sostenibles.
Y lo haremos trabajando juntos desde tres pilares:
- El Funcional: miramos para qué te sirve lo que haces ahora.
- El Compasivo: entendemos que has hecho lo que has podido con lo que has aprendido para sobrevivir.
- y el Ideográfico: tú eres el centro, no el manual de diagnóstico.
El objetivo es que dejes de luchar contra lo que no puedes controlar y empieces a dirigirte hacia lo que realmente te importa.
Y eso, amiga o amigo, sólo lo decides tú. Yo pongo la ciencia y la técnica; tú pones tu historia y tu coraje.
Te invito a reflexionar
Si sientes que en tu vida —o en tus procesos anteriores de terapia— has buscado más la aprobación del de enfrente que la coherencia con tus propios valores, quizás es el momento de parar y observar.
¿Cuántas veces has dicho «sí» queriendo decir «no» solo por no contradecir a una autoridad?
¿Qué pasaría si empezaras a ver al terapeuta como un guía que te acompaña y no como un jefe que te manda?
Si vives en Almería y sientes que es el momento de trabajar en tu bienestar desde un enfoque humano, científico y, sobre todo, respetuoso con tu propia autoridad interna, cuenta conmigo.
Vamos a trabajar juntos por tu bienestar. Te espero.


